A lo largo de los siete encuentros que ha jugado en este Mundial, la selección española nos ha demostrado, partido a partido y en un crescendo imparable hasta la final del domingo, que algunos de los valores que transmite este equipo pueden ser un motivo de orgullo. Hay algo en este raro momento de emoción colectiva que desafía estos tiempos de crispación y retórica destructiva, y que valdría la pena preservar. No se trata de magnificar lo que esencialmente es uno de los principales espectáculos de masas de la industria del entretenimiento global, que mueve millones de euros y de petrodólares y además está organizado por una FIFA de ética dudosa que preside un trumpista servil y contumaz. No vamos a descubrir tampoco aquí que las competiciones en las que se enfrentan selecciones nacionales son un ejemplo prototípico de lo que el profesor de ciencias sociales Michael Billing diseccionó en Nacionalismo banal. “El deporte”, escribe Billing en aquel ensayo clásico, “nunca es meramente deporte”. Porque el fútbol es fútbol y es negocio, pero es mucho más. Y puede ser algo mejor.
Fonte: https://elpais.com/opinion/2026-07-15/una-espana-posible-una-espana-real.html