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Miami espera como nunca la caída del castrismo: “Que pase lo que tenga que pasar, si no, jamás vamos a ser libres”

Ingrid Arenas y su hijo Jose Manuel Hernández en su restaurante Tío Colo, en Miami, el 19 de febrero.

Las quemaduras en las manos de Ingrid Arenas no dan cuenta de todas las pizzas que en realidad ha horneado para vivir. El pasado jueves llegó a Tío Colo, su pizzería ubicada en la Coral Way, en Miami, y desde temprano comenzó a despachar varios pedidos de pizzas cubanas o bocaditos de helado. En Hialeah, el hijo y la nuera llevan otro local similar en el que reciben a decenas de clientes, y hasta los cinco nietos pequeños se suman preparar o repartir la comida. El negocio va muy bien; nada pareciera faltarle. “He sido feliz acá”, dice Ingrid, de 62 años, pensando en las más de dos décadas que ha vivido en Estados Unidos. Sin embargo, hay algo que lleva atascado en el pecho: “Cuba es el sufrimiento más grande que tengo”, confiesa. Y solo va a desaparecer, asegura, el día en que pueda abrir en la isla una pizzería Tío Colo, o sea, cuando Cuba sea ese país al que puedan volver sus exiliados.

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Ingrid muestra la foto de su familia en el Restaurante Tío Colo.Restaurante cubano Café Versailles, en la Calle Ocho, en La Pequeña Habana.

Fonte: https://elpais.com/us/2026-02-22/miami-espera-como-nunca-la-caida-del-castrismo-que-pase-lo-que-tenga-que-pasar-si-no-jamas-vamos-a-ser-libres.html

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