El trauma tiende a quedar atrapado en una polaridad narrativa perversa: entre el silencio del secreto y el ruido de la avalancha. El secreto es polivalente, pues es el secreto de las familias que callan lo que saben, el secreto de las instituciones que niegan lo que allí sucede, el secreto de los adultos que deberían haber protegido, el secreto de los niños con miedo a hablar… En muchos casos, el secreto es un código familiar o institucional que pesa como un mandamiento supremo y se convierte en una losa. En el caso de los niños violentados, el código familiar es interiorizado y el silencio se mantiene por fidelidad a la familia, por una falsa idea de proteger a los adultos, por evitar el conflicto, porque me culparán o no me creerán o por miedo a las consecuencias, entre otros motivos. También se llena de secreto todo lo que no pasó, porque ante tanta carencia se pierde la sensación de falta y ya nada se pide, ya nada merece ser expresado. En la lógica del trauma, lo que se guarda en secreto es como si no existiera. Es como el árbol que cae en el bosque y nadie oye: ¿realmente cayó? Para quien ha vivido algo traumático, mientras lo mantenga en secreto, siempre quedará la duda de si le creerán o pensarán que miente. Por eso, el secreto deja a la persona bajo sospecha y la hace sentirse desprotegida.
Fonte: https://elpais.com/ideas/2026-02-17/como-contar-y-reparar-un-trauma.html