Quisiera decir que Nicolás Maduro es el único que ha envejecido. Él, que tiene más canas que cuando lo presentaron por primera vez ante el tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York, hace casi tres meses, traído por la fuerza en una operación militar de Estados Unidos y acusado de delitos relacionados con narcotráfico, posesión de armas y corrupción, con el uniforme caqui de reo federal. Él, que se pone los lentes de la presbicia para revisar papeles y tomar notas de la segunda audiencia ante el juez, donde se discute si Estados Unidos debe autorizar o no que use fondos venezolanos para pagar su defensa privada. Pero han pasado más de 25 años desde que nos conocimos, un cuarto de siglo desde que su partido y las fuerzas militares gobiernan Venezuela, mi país. Yo tenía 23 años cuando conocí a Nicolás Maduro y a Cilia Flores: ambos eran integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente que se instaló en Venezuela en 1999 y yo trabajaba como reportera de política para diarios venezolanos. Y ahora que vuelvo a verlos en persona, durante la audiencia que se celebró este jueves en Manhattan, tengo casi 50 y una mezcla de incredulidad, pérdidas y amarguras que se me han ido acumulando por largo tiempo.
Fonte: https://elpais.com/america/2026-03-29/testigo-de-todas-las-vidas-de-nicolas-maduro.html